CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Atentado al capitán Calvo

Por: Leonardo Depestre

24 de Febrero de 2020

Por Leonardo Depestre Catony

Por lo general cuando pensamos en La Habana como hervidero insurreccional urbano nos remitimos a la década del cincuenta del siglo pasado, a las acciones del Movimiento 26 de Julio en la capital, al Frente Cívico de Mujeres Martianas, a las manifestaciones de protesta de la Federación Estudiantil Universitaria y de los estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, en fin a un conglomerado de expresiones ciudadanas de oposición al gobierno de Batista.

Sn embargo, por razones de una mayor lejanía en el tiempo y de que algunos de sus protagonistas se nos desdibujan en la injusta desmemoria, los sucesos del acontecer revolucionario de la década del 30, a saber, de los opositores de los gobiernos de Machado y su secuela, no “disfrutan” de igual tributo. Se trató aquella de una generación de jóvenes nacidos con el siglo, imbuidos de un temerario valor y convencidos de que la patria merecía mejores destinos.

La relación de mártires, de encarcelados, desaparecidos y torturados fue mayúscula. Pero también ellos, en su bregar, protagonizaron acciones dignas de recordarse y probatorias de cuán activo se expresaba aquel empeño. Hubo varios atentados revolucionarios exitosos, en tanto otros fracasaron (a veces por causa del azar). Cada uno de ellos tuvo una respuesta represiva sangrienta, espantosa, reflejada en la prensa de aquellos días, aunque infructuosa en su propósito de amedrentar la voluntad popular. A uno de aquellos atentados nos referiremos.

El capitán Miguel Calvo fue jefe de la sección de Expertos de la Policía Nacional durante el mandato del presidente Machado. Sus actividades represivas le ganaron el odio de los revolucionarios, era hombre duro, temible, apenas se dejaba retratar (reproducimos posiblemente la última en vida, de Lezcano, aparecida en Carteles).

Pero un atentado ejecutado por un comando revolucionario en el Malecón habanero terminó con su vida en julio de 1932. La acción fue probablemente ejecutada por una célula revolucionaria encabezada por el heroico y valeroso Pío Álvarez. El suceso dio mucho que hablar y causó júbilo popular.

Pablo de la Torriente Brau se encontraba en prisión cuando se recibió la noticia (Presidio Modelo, edición del 2000 La Memoria):

—Mataron al capitán Calvo… el jefe de los expertos… Y a cuatro o cinco más… Los ametrallaron desde una máquina… ¡Cerca del Malecón!…
La noticia me dejó estupefacto y solo acerté a preguntarle:
—¿Detuvieron a alguien? ¿Mataron a algún muchacho?…
—No, creo que no…
Poco después la noticia resbalaba de grupo en grupo y las caras se iluminaban de alegría…

¡Qué ambiente el de aquella ciudad, el de aquel país en efervescencia insurgente del cual Pablo fue testigo y activo partícipe! No nos está permitido olvidar.

#PabloyNosotrxs

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