CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

SUCESOS DE LA HABANA DE PABLO / Caída de Machado: júbilo y justicia popular

Por: Leonardo Depestre

17 de Julio de 2019

Por Leonardo Depestre Catony

El de 1933 es un año memorable en la historia de Cuba. Es tal la convulsión política y el descontento popular que los vecinos norteños temen perder el control de las riendas si accede al poder una revolución con intenciones de cambios radicales. Y como de hacer política se trata, el 7 de mayo desembarca en La Habana el embajador Benjamín Sumner Welles. Viene para conseguir un entendimiento entre la oposición y el presidente Gerardo Machado que garantice el camino hacia un nuevo gobierno de la confianza de los Estados Unidos.

En julio se inician —en la sede de la embajada norteamericana— las conversaciones entre los representantes de  Machado y los opositores, quienes pretenden alcanzar un “arreglo” que Machado, empecinado, solo aceptaba si se le garantizaba concluir su mandato de 10 años, incluida la prórroga.

A cambio, se comprometería a moderar la censura de prensa y liberar un tanto la voz opositora dentro de los perfiles de la derecha. Pero la mediación cayó en una fase de estancamiento que dejaba entrever el fracaso de las conversaciones.

En julio los trabajadores de los ómnibus de La Habana fueron a la huelga, secundados por otros sectores. La llama de la revolución estaba encendida y aunque Sumner Welles pidió a Machado que abandonara el poder, el dictador rechazó la opción.

El 10 de agosto Machado pareció asustarse y accedió a las demandas obreras si se suspendía la huelga. Veinticuatro horas después parte del ejército se sublevó. Ante el levantamiento, Machado abandonó el Palacio Presidencial, recibió un ultimátum del ejército, por último renunció y huyó en avión hacia Bahamas.

El 12 de agosto devino día de júbilo, la población habanera y también del resto del país, se arrojó a las calles para ajustar cuentas a los porristas y sicarios del tirano, hubo saqueos de comercios y residencias de machadistas connotados, y manifestaciones de alborotadora alegría.  Asumió la presidencia el secretario de Guerra y Marina, general Alberto Herrera, rechazado por la oposición, y a este lo sucedió Carlos Manuel de Céspedes con el beneplácito de los sectores que sostenían la Mediación, pero su equilibrio era muy endeble debido al escaso apoyo popular.

La revolución en ciernes no pasó de una frustración popular más. La inestabilidad de los gobiernos que se suceden y la represión del Ejército —enfocada mayormente hacia los obreros y opositores políticos— convirtió al elemento castrense en factor decisorio de los destinos del país, dando al traste una vez más con los anhelos siempre postergados de una gran mayoría.

En mayo de 1933, Pablo de la Torriente Brau es liberado pero dada la situación política imperante en el país embarca hacia España y se baja en Nueva York cuando el buque hace escala. La caída de Machado lo toma en Norteamérica, y casi de inmediato regresa a Cuba.

Es él quien escribe este sarcástico epitafio del dictador caído:

 …tigre sin garras ya, es solo un “asno errante”, un lamentable pollino recibido a palos en todas partes y que tiene que buscar refugio inestable  en los corrales en donde viven los Trujillos, los Hitler, y los Mussolini, sus compañeros de especie zoológica!..

No hacen falta otros comentarios.

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