UN AÑO DE TODOS DESDE LA MEMORIA

Por: Centro Pablo

11 de Octubre de 2019

Por Dahomy Darroman Sánchez

Este mes de octubre, a más de medio siglo de finalizada la Campaña de Alfabetización,  el ensayista y crítico de arte Jorge R. Bermúdez presentó el volumen Un año de todos. Diario de un brigadista, texto que sintetiza esa gesta y que, a decir del intelectual Víctor Casaus, “queda como testimonio de un momento importantísimo de la historia de la nación cubana” y de una conquista intelectual hasta entonces «inédita en el país y en Latinoamérica». La impresión del libro, perteneciente a la Colección Realengo, fue financiado por el Fondo para el Desarrollo de la Educación y la Cultura.

La sala Federico García Lorca del Centro Cultural Dulce María Loynaz acogió el evento donde, además de anécdotas y jaranas entre amigos –varios de ellos alfabetizadores–, los asistentes disfrutaron de buena música. Así,  Miguel Oliver Rodríguez, trovador y director del grupo Enigma, interpretó los temas “Ojos malignos”, “Contigo” y “Habáname” de Juan Pichardo, Joaquín Sabina y Carlos Varela, respectivamente.

La epopeya plasmada bebe de los recuerdos de Bermúdez sobre su tiempo como alfabetizador, desde una mirada retrospectiva que entronca a la perfección con la tradición del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y sus Ediciones La Memoria en defensa de la literatura que rescata la memoria, como la publicación de Massaguer. República y vanguardia (2011) y de Diario de una imagen (2014), obras más recientes del autor.

Gestado desde La Josefa, en las lomas del Escambray, este texto se articula como un epistolario en que las sucesivas cartas de amor van dirigidas a una novia ausente, a una interlocutora anónima que se torna a su vez en una suerte de musa, que le permite al autor plasmar sus sensaciones y comentar sus experiencias en primera persona. Prima así el género testimonial en un relato que dibuja el panorama de una época y una realidad muy particulares, y que se transforma en memoria viva de la batalla cultural en la que Bermúdez participó como un soldado más, con un lápiz como fusil.

«El pasado no está detrás del presente, sino que va paralelo a este», afirmó el también poeta y profesor universitario al explicar las motivaciones que encauzaron su obra más reciente. A su parecer, la epopeya de 1961 no ha sido abordada por la literatura y las artes cubanas con la asiduidad, la profundidad y la sistematicidad que merecería a tenor con la trascendencia histórica que tuvo, por lo que él asumió la tarea de narrar, en voz de uno de los 100 mil protagonistas, esa contienda cultural que «como hecho masivo abrió las puertas a la cultura, al crear una población carente de los porcentajes de analfabetismo que había tenido hasta ese momento».

Escrita con agilidad, frescura y un toque de humor y simpatía, la obra proyecta, sin embargo, la intensidad de un momento histórico complejo a la vez que rescata los pequeños matices y la vida cotidiana de los campesinos, rindiéndoles un homenaje cariñoso y poético que «reúne la amenidad con el interés y la información útil, a estas alturas de la fecha en que está siendo publicado, tanto tiempo después de los acontecimientos», al decir de Casaus.

Además de reflejar una etapa ineludible del proceso revolucionario y abordar aspectos desconocidos de aquella empresa y de los parajes que la acogieron, inexplorados para la mayoría –sobre todo para las generaciones posteriores–, Un año de todos. Diario de un brigadista aporta cifras concretas e ilustrativas, al constatar que gracias a la labor de los adolescentes involucrados el analfabetismo quedó reducido al 3,9% de la población total de entonces que ascendía, antes de iniciar la campaña, a casi 7 millones de personas.

Además de sus virtudes literarias y artísticas, otro incentivo para su lectura es la manera con que el texto anuncia al destacado investigador y profesor en que se convertiría su autor, al revelar algunos de sus principales hábitos culturales de aquellos años iniciales, como el gusto por la lectura de los clásicos hispánicos y poetas de la talla de Miguel Hernández, Pablo Neruda y, por supuesto, José Martí.

No es de extrañar, entonces, que la obra culmine con un poema, el cual se titula “1961” y que funge como colofón de este libro “de una generación, hecho desde la sinceridad, la honestidad y la memoria y para la memoria», porque solo cuando esta última “obstaculiza la esperanza es necesario olvidar, y la Campaña de Alfabetización pertenece a la esperanza. Por eso debe tener una mayor presencia en nuestra cultura visual y literaria, en los medios de comunicación y en cualquier otro territorio que permita divulgar esta gesta», aseveró Bermúdez.

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