UN DEBATE SURREALISTA

Por: Centro Pablo

18 de Octubre de 2018

El Centro Pablo contribuye a la necesaria difusión de los debates que se vienen realizando sobre temas tan importantes como la nueva Constitución de la República, la situación de la economía del país, la lucha contra el injusto bloqueo que han aplicado las administraciones norteamericanas durante más de cinco décadas. Aquí compartimos el siguiente artículo publicado en el blog Segunda Cita, que anima hace más de un lustro nuestro hermano Silvio Rodríguez.

Por Jorge Gómez Barata

Cuba es un espacio caribeño donde lo real maravilloso, al mezclarse con la política y la acción social, hace que todo sea posible.

Es el único país occidental donde el enriquecimiento lícito es imposible. No existe lotería, los salarios y las pensiones son de lágrimas, nadie puede tener más de una casa ni más de dos carros, las tierras ociosas se distribuyen en micro-parcelas, y hay ex generales, ex ministros y ex embajadores jubilados o cesados que alquilan cuartos para sobrevivir.

A ello se suman el bloqueo de Estados Unidos y las insólitas restricciones aduaneras que afectan a los nacionales en la isla cuando viajan al exterior, y a los que residen en el extranjero cuando visitan el país.

En un entorno económico, donde a pesar de los extraordinarios avances y épicos esfuerzos de la Revolución, la pobreza gana espacios, aunque atenuada porque no se expresa en materia de salud y educación, los líderes políticos, parlamentarios y parte de la ciudadanía se empeñan en encontrar fórmulas para evitar que la gente se enriquezca. De hecho, al impedir que la riqueza se concentre, se impide que sea creada y que circule.

Las alarmas se dispararon cuando, ante la convicción de que el modelo económico vigente desde los años sesenta no era funcional, se autorizó el ejercicio de más de 150 oficios y labores del denominado trabajo por cuenta propia.

Entre las ocupaciones originalmente nominalizadas estuvieron algunas tan exóticas y poco lucrativas como aguador, arriero, parqueador, amolador, payaso, mago, conductor de coche infantil tirado por animales, boyero, desmochador de palmas, forrador de botones, reparador de paraguas, llenador de fosforeras, cartomántica, y transporte de pasajeros en vehículos de tracción animal y humana.

Creer que alguien pueda enriquecerse alquilando cuartos o su única vivienda, así como ejerciendo como albañil, barbero, chofer de alquiler, dueño de pequeños restaurantes y cafeterías, reta la imaginación. Si hubiera alguno que lo lograra y se probara que lo hizo dentro de las reglas, debería ser exaltado como antes se hizo con los stajanovistas.

Los mismos que reflexionan acerca de cómo impedir que los trabajadores no estatales acumulen lucros, creen poder desarrollar la economía a partir de conceptos superados por la práctica, cosa probada por el desastre de esa orientación en la Unión Soviética y Europa Oriental.

Según Marx, el valor de las mercancías se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. La riqueza es pues, tiempo y trabajo acumulado, pero no es sólo eso, sino también el resultado de proyectos económicos viables en cuya ejecución están presentes, además de las energías físicas y mentales de los trabajadores, la iniciativa, la capacidad gerencial y las ambiciones legítimas de quienes los concibieron, y asumiendo riesgos los fomentaron y los administraron.

Los empresarios, un estamento social sin los cuales los proletarios no pudieran existir, son también trabajadores. Según la experiencia vigente donde quiera que se les ha suprimido, a la larga, la economía se ha estancado. Ningún ejemplo más válido que el de la Unión Soviética, donde el heroísmo laboral masivo y el ejemplar sacrificio del consumo y el bienestar de cientos de millones de personas durante setenta años, no pudieron contrarrestar la ineficacia de un modelo económico fallido.

Las reformas económicas en Cuba son lentas y son limitadas. Audaz sería entregar algún central azucarero a una cooperativa formada por obreros y directivos avanzados del sector, encargar una gran obra a una cooperativa de constructores, y poner algunas de las fábricas quebradas como las de conservas agrícolas y lácteos recién visitadas por el Presidente, en manos de sus trabajadores, y realizar otros muchos proyectos con apoyo, aunque sin tutela estatal.

Para distribuir con equidad, el socialismo necesita producir con eficiencia. Nadie puede repartir ni disfrutar la riqueza que no ha sido creada.

COMENTARIOS

Nuevas propuestas