CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

 PABLO: LA CUBA DE SU ÉPOCA : UN RETOÑO CATALÁN EN CUBA  

Por: Centro Pablo

24 de Octubre de 2019

Facundo, un catalán, fijó la identidad del ron cubano.

PABLO: LA CUBA DE SU ÉPOCA : UN RETOÑO CATALÁN EN CUBA

Un diálogo, a través del tiempo, entre la trayectoria de aquel coloso  y la nación.

Por ARGELIO SANTIESTEBAN                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Cuando uno, en esta Perla de las Antillas, toca a la puerta de una vivienda, lo más probable es que la abra un criollo reyoyo, o sea, un cubano hijo de cubanos. Pero también es frecuente que el susodicho se apellide Giner o Puig, Rovira o Gispert, transparentando un árbol genealógico catalán.

La gran oleada inmigratoria catalana se produciría entre la década de 1780 y la de 1860, sólo frenada por el inicio de las contiendas independentistas. En 1840 fundan la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, la institución de tales características más antigua del mundo.

Vinieron y resultaron bien acogidos. Claro, tuvieron que soportar —igual que los gallegos— la chivadera cubiche, con chistes como “¡Quién fuera blanco, aunque fuese catalán!”. Además, como tenían fama de apegados al dniero, se contaba que produjeron el primer hilo de cobre cuando, al hallar una peseta española, dos de ellos tiraron con fuerza hacia lados opuestos queriendo llevársela cada cual para sí.

El periodista catalán José Miró Argenter se desempeñó como jefe del estado mayor del general Antonio.

Fueron promotores de industrias de altos vuelos, pero, sobre todo, del comercio minorista. Cuando a un muchacho le decían “Ve a lo del catalán de la esquina”, estaban enviándolo a la bodega.

Al inicio del siglo XX ocurre la segunda gran arribazón. Entonces La Habana “fue quizás la ciudad más catalanista del mundo fuera Cataluña”, dictamina el historiador Joan Manuel Ferrán Oliva, quien opina que en 1925 “residían 17 mil catalanes en la Isla, la mayor comunidad fuera de España”.

   Y se origina un fenómeno singularísimo. Los catalanes residentes en Cuba, inspirados en el reciente desmembramiento cubano de España, dan vuelo a viejos sueños separatistas. Así, surgen asociaciones como el Club Separatista Número 1 de La Habana, el Club Separatista Número 11 de Santiago de Cuba o el Blok Nacionalista Cathalonia de Guantánamo.

Lo que es más: toman la bandera cubana como modelo para diseñar la suya, la estelada (“estrellada”).

Aquí, en 1928, tiene lugar la Primera Asamblea Constituyente del Separatismo Catalán, se dice que inspirada en nuestra Asamblea de Guáimaro. Y redactan la Constitución Provisional de la República Catalana o Constitución de La Habana.

Siempre siguieron añorando al terruño natal, hasta el punto de que en Cuba tenemos una Nueva Gerona.

         Gente para recordar

Catalanes y sus descendientes dejaron entre nosotros huellas indelebles.

¿Me hablaban ustedes de ron cubano? Pues el líquido reconfortante se vestiría de largo a partir de que el catalán Facundo Bacardí, en el Santiago de 1862, le compra un alambique a cierto norteamericano borracho, y echa a andar su universal negocio etílico. En la misma familia iba a nacer Emilio Bacardí Moreau, patriota que sufrió el presidio de España en África, y sería el primer alcalde insurrecto de Santiago.

¿Ahora se refieren ustedes a la solanácea aromosa? Entonces debe saberse que el catalán Jaime Buenaventura Ambrós Partagás y Ravell, cuando transcurría 1845, en el número 60 de la habanera Calle de la Industria, creó una humilde empresa que finalmente iba a llamarse Real Fábrica de Tabaco Partagás, que se convirtió en la catedral del universo tabaquero. (Chisme a pie de página. Además de exitoso empresario, era Partagás apasionado admirador de las hijas de Eva. Resultado fatal: murió asesinado de un balazo, por asuntos de faldas).

Un catalán meteorólogo, el padre Benito Viñes, fue quien primero predijo el rumbo de un ciclón que nos azotaría, en 1875.

Los descendientes de catalanes van del general Bartolomé Masó o el poeta patriota santiaguero Pedro Santacilia —yerno de Juárez— hasta Rosita Fornés, desde el creador del cine Payret hasta el esgrimista Ramón Fonst.

Ah, pero esto es un juego de toma y daca. Y hasta hoy, del otro lado del Atlántico, en sitios donde soplan vientos mediterráneos, suspiran poniendo los ojos en blanco, mientras cantan habaneras.

         Pablo

Nos dice, al pie de la letra, una cronología de Pablo de la Torriente Brau: “El padre de don Salvador Brau –a quien asumimos como tronco familiar– nació en 1797 en la ciudad de Mataró, región de Cataluña, y para América embarcó en 1830. Establecido en Puerto Rico, en 1841, Bartolomé, que así se llamó, casó en segundas nupcias y ya con una hija, con Luisa Antonia Asensio Velázquez, viuda con dos hijos. El primer vástago de la nueva unión nació en 1842 y fue don Salvador, abuelo de Pablo. A su vez, don Salvador se casó en enero de 1865 con doña Encarnación de Zuzuarregui y Martello. De la unión germinaron varios frutos. Su hija María Magdalena Graziella, nacida en Cabo Rojo, Puerto Rico, será la madre de Pablo”.

No caben dudas: fue Pablo un rebrote catalán de este lado del Atlántico.

Prensa

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