UN MANO A MANO PARA PENSAR CON CABEZA PROPIA

Por: María Fernanda Ferrer

5 de Septiembre de 2019

Por: María Fernanda Ferrer

Pasada las siete de la tarde y cuando la fría noche mendocina parecía jugar una mala pasada, la Sala Armando Tejada Gómez del recinto ferial Le Parc comenzó a llenarse de un público mayoritariamente joven que acudió a la Feria del Libro, entre otras motivaciones, a escuchar “al trovador y al poeta cubano que vienen desde tan lejos”, según escuchó decir esta reportera mientras se organizaba la fila —para los cubanos la cola— que daba acceso al lugar.

Como estaba anunciado, comenzó un mano a mano de poemas y canciones que se fueron ensartando, más que yuxtaponiéndose, porque el recital se estructuró intentando enlazar por temática tanto la canción como el verso.

Comenzó el trovador Ángel Quintero con su muy conocido tema “Identidad”, que rápidamente estableció una conexión con el público porque habla de un asunto que preocupa a muchos en un momento en que las migraciones se han convertido en un fenómeno de escala global. Luego el poeta Víctor Casaus introdujo “La historia no es el reino de la felicidad” que también habla de afianzar valores y mirar al pasado para entender el presente y visualizar el futuro.

Siguió el músico con “Entre el agua y la sed” que es un canto al entendimiento, a la necesidad de no romper vínculos, aunque sí ataduras cuando “… se avecinan tiempos de futuro…” y Casaus leyó su poema que no por estar escrito en la ya lejana década de los sesenta, ha perdido vigencia: “Bárbara” cuenta sobre un amor que se vio interrumpido cuando en Cuba se dio la primera ola migratoria, luego del triunfo revolucionario de 1959.

“Flor de marabú” es una canción que habla de amor, pero de un amor que nace y florece en medio de espinas: como la vida misma, y el poema la acompañó fue “Para morir de amor”, una hermosísima declaración de amor en la que se asegura que cualquier lugar es bueno si de este sentimiento se trata.

Continúo Quintero con “La idea”, una de sus canciones de mayor hondura en la que se habla de traiciones, engaños, pero también de esperanzas y anhelos porque, tarde o temprano, esos sentimientos quedan a un lado cuando las certezas y las verdades se imponen y de inmediato hizo su versión de “Todos los días del mundo”, texto de la autoría de Casaus. Aseguró el cantor que “realizar el trabajo de musicar poemas no es nada nuevo ni exclusivo”, pero alertó sobre la “necesidad y la responsabilidad” que deben asumir los trovadores para dar continuidad una de las líneas fundacionales del trabajo de la Nueva Trova Cubana: “tengo una labor realizada con la poesía de nuestro José Martí y también con la del telúrico peruano César Vallejo, pero ahora quiero acercarme al quehacer de Víctor y músicar los poemas que dan título a varios de sus libros; creo que la combinación de la poesía con el canto y la intervención de actrices y actores puede ser de gran atractivo”, puntualizó.

De inmediato Casaus leyó “Declaración de principios” que —de alguna manera— es la forma que ha encontrado el poeta para plasmar inquietudes y verdades que rondan sobre nuestras cabezas y que tienen mucho que ver con nuestra historia patria y con el momento histórico que nos ha tocado vivir.

Llegó “Y te busqué”, poema escrito por Martí en sus años de adolescencia y del que Quintero ha hecho, desde la guitarra, una hermosa y armónicamente complicada versión; es impresionante como en “Y te busqué” ya se anuncian las primeras claves de lo que, posteriormente, llegó a ser José Martí como representante del movimiento modernista.

“Oh, vida”, que lleva el nombre de un tema que popularizó el inmortal Benny Moré — reconocido como “el bárbaro del ritmo”— fue un momento muy aplaudido dentro del recital porque los temas que aborda no pertenecen a una época sino a todas las épocas: el amor, la traición, el desarraigo y las decepciones, pero todo visto desde la óptica de un poeta a quien le gusta llamar “a las cosas por su nombre” y para quien “los sentimientos humanos son parecidos en todas las épocas y tiempos, pero con sus variantes”, dijo.

Estaba previsto concluir el mano a mano con “Alma y voluntad”, de la autoría de Quintero, una canción muy bien recibida en su presentación anterior durante los días de la Feria del Libro de Mendoza, pero a petición del publico el trovador quiso concluir con una pincelada humorística: “El impenetrado cultural” y “El soldado Acota”, de Alfredo Carol, que puso a reír y a disfrutar a los espectores que acudieron al recital.

Fue una noche mendocina y fría, pero repleta de emociones porque con ese mano a mano se demostró que la buena poesía y la trova tienen aún un lugar entre personas sensibles que se resisten a la banalidad y que quieren —como es debido— pensar con cabeza propia.

 

 

 

 

 

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