UN MURALISTA MEXICANO VISITA LA HABANA

Por: Alina López Hernández

8 de Mayo de 2018

Por: Alina B. López Hernández

Quizás no muchos conozcan que el mexicano David Alfaro Siqueiros (1896-1974), pasó una temporada en Cuba entre 1943 y 1944. Este fue uno de los más importantes muralistas de su país, junto a Rivera y Orozco, y además de artista de la plástica fue militar. Combinó sus inquietudes artísticas con las políticas, participó en la Guerra Civil Española y fue militante del Partido Comunista de México. Estuvo vinculado al intento de asesinato de León Trotsky1 y, después de este hecho, tuvo que exiliarse a Chile en 1941. A fines de 1943 arribó a Cuba de paso para Nueva York, pero quedó estancado en la isla por problemas consulares, ya que la orden de captura que había librado contra él su gobierno motivó que se le negara la visa para entrar a EE.UU: Durante su estancia realizó una significativa labor, para lo que se apoyó en sus relaciones con los comunistas cubanos, que para entonces formaban parte de la coalición gobernante, con Batista como presidente.

El Partido Comunista -denominado desde 1939 Unión Revolucionaria Comunista-, que había mostrado un criterio artístico profundamente dogmático, transitaba por una nueva etapa, motivada por las alianzas que emergieron en la lucha contra el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. Los aliados militares debían pulir sus ideologías de modo tal que las aristas fueran menos hirientes. Había que abrirse al cambio, a la inclusión, a la suma de artistas e intelectuales con diferentes concepciones del mundo. Se debía transformar el tratamiento brindado a los artistas no vinculados al Partido; el ataque a todo el que en literatura, pintura o en música, desarrollase una obra sin perfiles marxistas frenaba el crecimiento de la organización.

Las nuevas tendencias conciliadoras requerían de posiciones plurales en los criterios sobre cultura y creación. Y precisamente en ese sentido fue de gran utilidad la presencia de un artista de renombre como Alfaro Siqueiros, a pesar de que ideológicamente él mismo tenía un pedigrí estalinista.

El centro del debate entre los críticos comunistas era el problema de la apreciación artística en relación a la postura política de la organización. Resultaba necesario despojarse de añejas fórmulas en el ejercicio del criterio artístico, ya que la crítica desempeñaba un decisivo papel en aquel escenario de negociaciones, pues, como se reconocía en Noticias de Hoy, órgano oficial del Partido, “se crea por la vía de la «crítica cultural » enemigos políticos”.2

En este período se efectuaron numerosos debates, reuniones y encuentros de artistas e intelectuales con disímiles concepciones, artísticas e ideológicas. Uno de los más importantes fue el realizado en los locales del Lyceum Lawn Tennis Club,3 en 1943. En dicha institución, Siqueiros y un grupo de académicos y artistas de todas las tendencias dentro de la plástica -expresionistas, post-expresionistas, puristas y populistas; según el artículo-, tuvieron extensas discusiones con opiniones diversas pero con una misma intensión: aclarar la misión del arte y del artista contemporáneo. Según José Antonio Portuondo esa reunión fue “el intento más feliz de la cultura cubana”.4

¿El arte debía estar ajeno a toda manifestación de progreso social o debía servir de tribuna de agitación política? Fue esta interrogante el centro del debate en varios artículos de la prensa partidista. Anteriormente era potenciado el arte social, progresista y revolucionario, entendido únicamente por medio del realismo socialista; ahora la perspectiva era otra: “Con realismo más vivo o simbolismo más hondo pero abordando el problema de forma amplia”.5

De acuerdo al consenso logrado en el encuentro del Lyceum, el artista no debía estar sujeto a imposiciones de ninguna clase, tenía que quedar libre de todas las barreras, escolásticas y políticas. Estas consideraciones resultan significativas porque superaban la visión anterior del arte solo como instrumento político y arma de combate. Con la nueva actitud, según Portuondo:

Nuestros pintores y nuestros poetas más jóvenes se han rebelado contra el sentido “ancilar” que diría Alfonso Reyes, de la pintura y de la poesía, contra su condición de meras servidoras de otros órdenes de valores ajenos al estético: política, religión, o mero afán anecdótico y pintoresco (…) No se pide a los artistas que se dediquen a escribir manifiestos ni panfletos revolucionarios, ni cuadros de propaganda elemental, afiches y pasquines pseudo-revolucionarios. Se les pide solamente (…) que expresen (…) la angustia del hombre contemporáneo (…).6

El apego de la crítica por un arte figurativo va a modificarse de modo ostensible en las páginas de Noticias de Hoy, que manifestó durante un período gran tolerancia hacia la diversidad de estilos pictóricos. Exposiciones con motivos decorativos a base de flores, follajes, frutas y vegetales, encontraban espacio en la prensa del Partido, algo impensable anteriormente.

Pero la incidencia de Siqueiros no se limitó a esta hábil labor diplomática en el campo de la plástica isleña. Tenía que mantenerse con su familia durante un tiempo mayor del esperado, y contrató su trabajo como artista para realizar tres cuadros murales. Uno de ellos fue un mural en el hotel Sevilla del Prado habanero, otro en el Instituto de Cultura Cubano-Norteamericano, esto último sintomático del período de cordialidad que se vivía con los Estados Unidos El artículo “Mis tres cuadros murales en La Habana”, explicita su intención de hacer un arte ideológico pero con significativas adecuaciones: mayor lirismo, altura poética y universalidad. Las tres obras trataron temas políticos y sociales, sus títulos lo evidencian: “Alegría de la igualdad y confraternidad en la raza blanca y negra en Cuba”, “El nuevo día de la democracia”, y “Dos montañas de América: Lincoln y Martí”. Además del mencionado artículo, también publicó “Carlos Hermosilla. Un gran artista de su época”, ambos en Noticias de Hoy.

La actitud plural de la crítica artística comunista fue efímera. Desde 1946 varios acontecimientos incidieron en ello. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos emergió como potencia hegemónica del mundo capitalista. Del otro lado estaba la URSS, ahora rodeada por países que en poco tiempo conformarían el campo socialista de Europa del Este. En tal escenario comenzó la Guerra Fría, contienda cuyo armamento fue más de calibre intelectual que militar, pues consistió en el enfrentamiento ideológico entre los bloques Occidental Capitalista, liderado por Estados Unidos, y Oriental Comunista, encabezado por la Unión Soviética. Fieles a la URSS, los intelectuales cubanos que militaban en las filas del Partido -desde 1944 denominado Socialista Popular-, retomarían de inmediato los viejos rumbos sectarios en materia artística. Respecto a Siqueiros, no he logrado comprobar hasta qué fecha estuvo en Cuba, pero en 1946 se instala nuevamente en México, tras retirarse su orden de captura. Allí murió en 1974.

1 El segundo intento fue el más conocido pues logró sus objetivos, lo que será recreado en la excelente novela de Leonardo Padura El hombre que amaba los perros; por cierto, Ramón Mercader, el asesino de Trotsky también radicó en La Habana después de cumplir su condena. Curiosa recurrencia.

2 S/A: “Crítica y Política”, en: Noticias de Hoy, 25 de septiembre, 1944, p.2.

3 Institución de la sociedad civil que promovía el desarrollo de las artes y las letras, con marcadas inclinaciones progresistas. La pedagoga Vicentina Antuña fue su presidenta.

4 José Antonio Portuondo: “Los pintores se reúnen”, en Noticias de Hoy, 3 de junio, 1943, p.2.

5 Álvaro Custodio “El arte de Nuestro Tiempo”, en: Noticias de Hoy, 4 de julio, 1943, p.10.

6 Portuondo: Op. cit.

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