CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Una foto para siempre

Por: Centro Pablo

17 de Noviembre de 2021

Por Jorge R. Bermúdez 

Para nadie es noticia que la pandemia ha sacado a la luz del día, mejor dicho, a la luz de los pueblos, todos los entresijos y debilidades del sistema político, social y económico sobre el que, supuestamente, avanza indetenible la humanidad. La expansión de la economía de mercado a costa de la salud y educación de las mayorías, el enriquecimiento material de unos pocos a expensas de las masas desposeídas y la descontrolada explotación de la Naturaleza, son algunas de las consecuencias de las políticas al uso, que no pasan inadvertidas ni para los más animados defensores de la marcha del “progreso” por los caminos hasta el presente conocidos. Si bien la pandemia no ha superado al neoliberalismo, en los inicios lo detuvo. Primer paso para un ajuste de cuentas de los pueblos.

No obstante, algo se ha pasado por alto, probablemente, hasta para el fotógrafo anónimo que, impensadamente, nos ha revelado con una imagen la siguiente inquietante realidad. La foto en cuestión, presenta de espaldas al Papa Francisco asomado a la ventana desde donde acostumbra a dar sus homilías dominicales a la multitud de fieles que se congrega en la gran plaza de San Pedro, la cual tiene por único límite las columnatas que a manera de dos monumentales brazos extendidos concibiera el gran Bernini, para simbolizar la acogida sincera de la Santa Iglesia (católica, apostólica y romana) a todos los cristianos del orbe. Sin embargo, en esta ocasión, un hecho insólito salta a la vista: la emblemática plaza está desierta.

¿Dónde están los creyentes? ¿A dónde han ido? En la Edad Media y con posterioridad a ella, durante los largos períodos de pandemia, las iglesias permanecían abiertas, en tanto espacios de oración permanente y hasta de curación por la fe. Al menos, ese era el humano propósito de los fieles que se congregaban bajo sus bóvedas, en razón de ser la casa de Dios y relacionar tales males con la actitud pecaminosa de la población de las regiones y países afectados por las pandemias. Todavía faltaban algunos siglos para que se entronizara el neoliberalismo a nivel global. En tanto, el lema de la Orden Benedictina: Ore y labore, aún hacía prevalecer su pertinencia moral y social entre los fieles.

Sin embargo, la citada foto nos aboca a una realidad impensable para cualquier creyente hace solo unos meses; mucho más, cuando se trata de un Papa que ha roto con el tradicional poder que el ala conservadora del cristianismo europeo ejercía sobre la Santa Sede, ganándose el cariño de los millones de católicos existentes en el mundo, y el respeto de los que profesan otras religiones o ninguna, que es otra forma de religión. La respuesta inmediata a tal situación, por supuesto, es la pandemia. Pero, no dejemos a un lado otras razones derivadas de esta situación. Por ejemplo, saber que la salvación humana también puede venir de la fe en la ciencia. Creencia, por demás, que ha singularizado la solidaridad de nuestro pueblo ante los demás pueblos del mundo, en la persona de nuestros hombres y mujeres de la salud. En consecuencia, una y otra fe se complementa, extrapolándose del colectivo social al familiar. La fe en sana distancia no solo es la principal barrera a todo contagio, sino la salvación misma.

En tanto, miles de sacerdotes, perdón, de comunicadores sociales de los más diversos credos religiosos y políticos, a través de los medios de comunicación de masas informan, sobre-informan y, a veces, desinforman, hora tras hora, las medidas a tomar para salvar a una humanidad representada en su célula primaria, donde el porciento de solitarios y solitarias, así como de parejas de ancianos sin el apoyo de sus familiares o distantes de ellos por las más diversas causas, es cada vez mayor. En tan comprometido contexto social y dado lo riesgoso que resulta reunirse en los espacios de culto de las más diversas religiones del planeta, se impone una fe en familia, en este caso, asistida por el cumplimiento de una consigna que ha puesto de manifiesto ―aunque a contracorriente del gran capital― la buena voluntad de ciertos gobiernos y organismos regionales e internacionales: “Quédese en casa”.

 

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