CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

VIAJE A LOS INICIOS DE ELPIDIO VALDÉS

Por: Centro Pablo

21 de Octubre de 2017

Juan Padrón,  artista imprescindible que tiene en su haber más de sesenta cortos y cinco largometrajes de animación, que ha publicado cuatro novelas, y es, además, profesor Titular adjunto del ISA, y acreedor de diez Premios Corales, quien es con justeza Premio Nacional del Humor y de Cine, poseedor de las medallas Alejo Carpentier y Félix Varela de Primer grado, es, sobre todo y para siempre, el padre del personaje Elpidio Valdés, calificado con rigor como un ícono de nuestra cultura por Víctor Casaus en el prólogo al libro cuya presentación me honra muchísimo.

 

Publicado por Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en su colección Homenajes (La Habana, 2017), el volumen permite disfrutar de una suerte de viaje a la semilla, a los orígenes del más entrañable representante del espíritu emancipador cubano en cuanto a dibujo o historieta se refiere.

 

Dirigido inicialmente a un público infantil (al menos esa fue la intención de Padrón), Elpidio y sus colegas, sus adversarios, sus amigos, sus conquistas y sus tribulaciones, devinieron símbolo irredento de Cuba, disfrutado por todas las generaciones, pero ojo: con la gracia y el encanto de educar sin que se note. Nada de lecciones a ultranza, ni del llamado teque, altamente perjudicial, como sabemos, sino divertimentos de la Historia, juegos, travesuras. En otras palabras: Juan Padrón logra el milagro (porque de eso se trata, de una obra milagrosa), de remover patriotismo mediante aventuras deliciosas.

 

Es conveniente recordar que muchos de nosotros, más cerca o algo alejados de la llamada media rueda de la vida, crecimos mirando las tiras cómicas que aparecían en las publicaciones Muñequitos y Pionero. Me refiero a aquellos dibujos de Kashibashi, el inolvidable samurái diminuto, en una de cuyas peripecias gráficas apareció por primera vez quien más tarde se convertiría en el símbolo de cubanía por excelencia: el mambisito Elpidio Valdés, y también los dibujos de Pulgas, de Verdugos y de Vampiros que entusiasmaron nuestra niñez. De ahí la importancia del libro-cuaderno que el Centro Pablo regala hoy. Con breves notas del propio Padrón, aparecen en Elpidio Valdés, Los inicios cuatro capítulos, fechados según el orden en que fueron apareciendo las publicaciones: “Elpidio Valdés contra los ninyas”; “Elpidio Valdés contra Gun market co.” (ambas de 1970); “Elpidio Valdés contra los zernis”, de 1971, y de un año más tarde “Elpidio Valdés y el cañón de cuero”, posteriormente llevado a soporte audiovisual.

 

Permítaseme detenerme en esas notas que Padrón añade al frente de cada capítulo. Tan ilustrativos y espléndidos como son los dibujos, así resultan estos microprólogos, donde aparecen informaciones hasta ahora escondidas. En el primero, el de los ninyas, el autor confiesa el secreto de que es esa la primera historieta con Elpidio, aunque no inauguró la era elpidiana por haber trazado mal el tamaño de las páginas de Pionero, de manera que para los historiadores, esta es la segunda aparición del entrañable personaje.

 

En la siguiente nota, aparece el simpatiquísimo dato de que cuando se publicó esa historieta traducida al checo, no se tradujo la palabra ¡Salta!, que pronuncia el indio “Ojo de puma”, quien se hace amigo de Elpidio, porque los intérpretes de la República Checa creyeron que se trataba de un grito de guerra apache, y lo mantuvieron como tal. En la tercera nota, la dedicada a los extraterrestres, la confesión nos deja atónitos: resulta que se extraviaron los originales de estos dibujos, de forma que un coleccionista del semanario Pionero tuvo la gentileza de obsequiarle a Padrón el número correspondiente a esa emisión, y fue así que el autor volvió a dibujar esa historieta, cambiando ligeramente el final, ya que muchos niños y niñas protestaron con el primero, porque el jefe de Elpidio lo regañaba.

 

Por último, en el capítulo del cañón de cuero, Padrón revela que para dar vida a Marcial, ese encantador compañero de aventuras de Elpidio, él se inspiró en un mambí de verdad, amigo de su padre, quien le contaba anécdotas de la guerra del 95.

 

Ya que resulta imposible reseñar tiras cómicas, más allá del comentario inevitable del buen trazado del dibujo y de la eficacia de los diálogos, repetiré palabras que escribí al conmemorarse los primeros cincuenta años de vida artística de Padrón: “Sus creaciones funcionan como el cordón umbilical que ata a varias generaciones de cubanos y de cubanas. Podemos disentir en muchísimas cuestiones, polemizar con los viejos y con los más jóvenes, atacarnos, emigrar o quedarnos, defendernos, enfrascarnos en apasionadas discusiones, dejarnos abatir o por el contrario, estimularnos a continuar batallando, pero si en algo estuvimos, estamos, y estaremos de acuerdo todos los nacidos en esta isla, es precisamente en la identificación del más grande de nuestros historietistas”.

 

Reitero lo que dije entonces, y, como es obvio, insto al público –de cualquier edad- a no dejar pasar la oportunidad que nos brinda una vez más el Centro Pablo, empeñado en perpetuar la memoria, cuya definición académica vale recordar: función del cerebro que permite codificar, almacenar y recuperar la información del pasado. Esta vez asistimos a la revisitación de la Historia, o a su aprendizaje, en el caso de los niños y niñas, de la manera más divertida posible. Riámonos, pues, y aprendamos juntos. Este bellísimo libro-fiesta nos espera.

COMENTARIOS

Novedades Ediciones La Memoria

Elpidio4
Elpidio3
Elpidio2
Elpidio1
pág-2
Elpidio-Valdés-sus-inicios