CENTRO CULTURAL PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

VIAJE A UNA SEMILLA O ELPIDIO VALDÉS, LOS INICIOS

Por: Nadia Ocaña

15 de Mayo de 2017

Juan Padrón (Matanzas, 1947),  artista imprescindible que tiene su habermás de sesenta cortos y cinco largometrajes de animación (uno de los cuales se encuentra en la colección del MoMA de Nueva York), que ha publicado cuatro novelas, y es, además, profesor Titular adjunto del ISA, y acreedor de diez Premios Corales, quien es con justeza Premio Nacional del Humor y de Cine, poseedor de las medallas Alejo Carpentier y Félix Varela de Primer grado, es, para siempre, el padre del personaje Elpidio Valdés, calificado con rigor como un ícono de nuestra cultura por Víctor Casaus en el prólogo a Elpidio Valdés, Los inicios.

Publicado por Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en su colección Homenajes (La Habana, 2017), el volumen permite disfrutar de una suerte de viaje a la semilla, a los orígenes del más entrañable representante del espíritu emancipador cubano en cuanto a dibujo o historieta se refiere. Dirigido inicialmente a un público infantil (al menos esa fue la intención de Padrón), Elpidio y sus colegas, sus adversarios, sus amigos, sus conquistas y sus tribulaciones, devinieron símbolo irredento de Cuba, disfrutado por todas las generaciones, pero ojo: con la gracia y el encanto de educar sin que se note. Nada de lecciones a ultranza, ni del llamado teque, altamente perjudicial, como sabemos, sino divertimentos de la Historia, juegos, travesuras. En otras palabras: Juan Padrón logra el milagro (porque de eso se trata, de una obra milagrosa), de remover patriotismo mediante aventuras deliciosas.

Es conveniente recordar que muchos de nosotros, más cerca o algo alejados de la llamada media rueda de la vida, crecimos mirando las tiras cómicas que  aparecían en las publicaciones Muñequitos y Pionero. Me refiero a aquellos dibujos de Kashibashi, el inolvidable samurái diminuto, en una de cuyas peripecias gráficas apareció por primera vez quien más tarde se convertiría en el símbolo de cubanía por excelencia: el mambisito Elpidio Valdés, y también los dibujos de Pulgas, de Verdugos y de Vampiros que entusiasmaron nuestra niñez. De ahí la importancia del libro-cuaderno que el Centro Pablo regala hoy. Con breves notas del propio Padrón, aparecen en Elpidio Valdés, Los inicios cuatro capítulos, fechados según el orden en que fueron apareciendo las publicaciones: “Elpidio Valdés contra los ninyas”; “Elpidio Valdés contra Gun market co.” (ambas de 1970); “Elpidio Valdés contra los zernis”, de 1971, y de un año más tarde “Elpidio Valdés y el cañón de cuero”, que posteriormente fuera llevado a soporte audiovisual.

Como resulta imposible reseñar tiras cómicas, más allá del comentario inevitable del buen trazado del dibujo y de la eficacia de los diálogos, me permito citarme, replicando palabras que escribí en 2013, al conmemorarse los primeros cincuenta años de vida artística de Padrón: “Sus creaciones funcionan como el cordón umbilical que ata a varias generaciones de cubanos y de cubanas. Podemos disentir en muchísimas cuestiones, polemizar con los viejos y con los más jóvenes, atacarnos, emigrar o quedarnos, defendernos, enfrascarnos en apasionadas discusiones, dejarnos abatir o por el contrario, estimularnos a continuar batallando, pero si en algo estuvimos, estamos, y estaremos de acuerdo todos los nacidos en esta isla, es precisamente en la identificación del más grande de nuestros historietistas. Ni él mismo se imagina cuánto le debemos, ni la magnitud de una devoción que por parecerle inmerecida, le profesamos con mayor ahínco.”

Reitero lo que dije entonces, y, como es obvio, insto al público –de cualquier edad, ya sabemos- a no dejar pasar la oportunidad que nos brinda una vez más el Centro Pablo, empeñado en perpetuar la memoria, cuya definición académica vale recordar: función del cerebro que permite codificar, almacenar y recuperar la información del pasado. Esta vez asistimos a la revisitación de la Historia, (o a su aprendizaje, en el caso de los niños y niñas) de la manera más divertida posible.Riámonos, pues, y aprendamos juntos. El libro-fiesta nos espera.

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