VIOLETA PARRA: “YO ELEGIRÍA QUEDARME CON LA GENTE”

Por: Estrella Diaz

28 de Octubre de 2020

Hoy en nuestra sección Revolviendo… en el Centro y a propósito de la reciente y trascendental victoria del pueblo chileno, vamos a recordar a la cantante y poeta chilena Violeta Parra  (1917-1967) a partir de un homenaje efectuado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en la Casa de las Américas en diciembre de 2017 a propósito del centenario del natalicio de la emblemática creadora.  

Por Estrella Díaz  

Adentrarse en la intensa, contradictoria y transgresora personalidad de la folklorista chilena Violeta Parra a partir de sus textos, poemas, obras plásticas y fotografías es el mejor modo de recordarla en su centenario: en homenaje cercano, íntimo, devino el recital de poemas y canciones acontecido el pasado martes 5 de diciembre en la sala Manuel Galich, de la Casa de las Américas, la Casa de todos.

Esa tarde / noche el poeta y cineasta Víctor Casaus y la trovadora Heidi Igualada fueron bordando todo el complejo universo de la Parra, una de las voces más altas del folklor del continente y una mujer “no solo interesante sino importantísima para la cultura chilena y latinoamericana”, subrayó el también director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, de la Habana.

Amigos de Argentina, México, Suiza, Italia, Chile, Uruguay, Bolivia, España, Ecuador y el País vasco junto a un nutrido público cubano, acudió al encuentro que, según Casaus, es “un sueño cumplido que hemos acariciado durante todo el año”, pero que no se había materializado porque la sede del Centro Pablo está sometida a una profunda y lenta restauración: “la idea de hacer este homenaje surgió a inicios de año cuando Heidi nos comentó que estaba trabajando en las canciones de Violeta y para Violeta y quedamos en que en los próximos meses haríamos algo de conjunto, pero los días pasan muy rápidos y no queríamos que concluyera este año en que se celebra el centenario de Violeta sin materializar ese deseo”.

La velada comenzó con la proyección del documental Gracias a la vida, dirigido hace unos años por el propio Casaus, pieza imprescindible para entender algunas de las claves de la personalidad de esa mujer fascinante que apostó por cantarle a los más necesitados; es también ese audiovisual un excelente testimonio que la enmarca en el contexto que le tocó vivir y nos muestra sus nostalgias, sus dudas y también sus esperanzas.

El recital se estructuró tomando como referencia El libro mayor de Violeta Parra, que ha tenido tres ediciones -una de ellas a cargo del Instituto Cubano del Libro-,  texto en el que se revelan sus contradicciones, amores, dolores y belleza humana: “sufriente, gozosa y combativa, como la vida misma”, según la calificó Casaus.

En un momento del recital, que estuvo todo el tiempo matizado por anécdotas que la dibujan y desdibujan, Casaus se refirió a La carpa, proyecto cultural muy querido por la Parra y leyó un párrafo en el que la folklorista evaluaba lo positivo del impacto del mencionado proyecto porque le permitía estar “cerquita del público que yo pueda sentir, hablar, tocar e incorporar a mi alma”.

Recordó que en una ocasión una periodista le preguntó con qué manifestación se quedaba, si con la poesía, la composición, la pintura o la tapicería a lo que Violeta contestó rotunda: “yo elegiría quedarme con la gente”.

Leyó también el conmovedor poema escrito por su hermano Nicanor Parra titulado “Defensa de Violeta Parra” y otro que el inmenso Pablo Neruda le dedicara. Pero no podía faltar en este homenaje la palabra del trovador Silvio Rodríguez quien comentó en un texto: “cuando escuché por primera vez “El gavilán” me pareció la tesis de continuidad y ruptura más contundente que había escuchado a un cantor latinoamericano: era compromiso y libertad, ortodoxia e iconoclastia, era ‘un embutido de ángel y de bestia’ –como diría don Nicanor, El caballero verde. Para Violeta Parra el maquillaje no existía, por eso, aun cuando se ponga de moda ser folklórico va a ser inabarcable. Hay cosas que las modas no podrán alcanzar ni los ismos ni ciertas corrientes; se pude poner de moda una manera de cantar, de hablar, de vestirse y hasta de ser —o aparentar que se es—, pero la tierra, las montañas, el mar y el cielo fueron desde hace mucho configuraciones esenciales, como la viola o como ella”.

Otro grande, el cantautor Víctor Jara también dejó su testimonio sobre Violeta: “su engrandecimiento como autora ha dejado muy claro que una canción de contenido social es o puede ser una obra de arte si revela la dignidad  del hombre, si dice que el hombre tiene que ser libre para ser feliz. Violeta Parra es un ejemplo maravilloso de compromiso con el pueblo e identificación con él. En Chile sus canciones son cantadas por los campesinos y los mineros como si fueran canciones de ellos. Ya eso es folklor (…) Violeta, que desgraciadamente no vive para ver el fruto de su trabajo, nos marcó el camino: nosotros no hacemos más que continuarlo”.

La trovadora Heidi Igualada sorprendió con varios temas de su autoría dedicados a Violeta y otros de la propia autoría de la chilena; Heidi fue enlazando las distintas canciones con las intervenciones de Casaus en una total complicidad. Así se escucharon varios temas, entre ellos, Canción del cantor, Agujero negro, La jardinera, , Balada para Violeta y otros tantos, Bruja Violeta, Historia común, Transcultural, Preguntas y concluyó con la canción más popular de la Parra: Gracias a la vida.

En un momento del concierto fue invitado Daniel Salinas, trovador chileno que se encontraba de paso por La Habana, quien cantó dos temas que supo matizar muy bien con anécdotas que definen la personalidad “de la Viola”.

Fue un hermoso momento de reverencia ante la vida y la obra de Violeta Parra, y fue, al mismo tiempo, el momento de recordarla en su centenario: viva y entre nosotros.

 

 

 

 

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