Cartas
PABLO DE LA TORRIENTE BRAU

Cartas desde España

6 de agosto de 1936

He tenido una idea maravillosa, me voy a España, a la revolución española. Allá en Cuba se dice, por el canto popular jubiloso: "no te mueras sin ir antes a España". Y yo me voy a España ahora, a la revolución española, en donde palpitan hoy las angustias del mundo entero de los oprimidos. La idea hizo explosión en mi cerebro, y desde entonces está incendiado el gran bosque de mi imaginación.

6 de agosto de 1936

Cómo no se me ocurrió antes la idea? Ya estaría yo en España. La culpa es de Nueva York. Aquí, en medio de exiliado político, no he hecho otra cosa que cargar bandejas y lavar platos. Me puse estúpido. Me volví tornillo. He sido uno de los diez millones de tuercas. Algún día me vengaré de Nueva York. Pero ahora yo me voy a España, a ser arrastrado por el gran río de la revolución. A ver un pueblo en lucha. A conocer héroes. A oir el trueno del cañón y sentir el viento de la metralla. A contemplar incendios y fusilamientos. A estar junto al gran remolino silencioso de la muerte...

18 de agosto de 1936

"Uds. me han confundido un poco con un organizador o algo por el estilo. Muy lejos estoy de ello, a mi más profundo y sincero juicio. A España tal vez vaya en busca de todas las enseñanzas que me faltan para ese papel, si es que alguna vez puedo dar de mí algo más que un agitador de prensa. Y no me arrastra ninguna aspiración de mosquetero. Voy simplemente a aprender para lo nuestro algún día. Si algo más sale al paso, es porque así son las cosas de la revolución. Como si me vuelve cojo una granada. No vayas a creer tampoco que estoy encabronado. Sencillamente, trato de darte a comprender el secreto de mi impulso hacia allá. Y hay, como siempre en mí, la emoción del impulso que me dice que allá está mi lugar ahora. Porque mis ojos se han hecho para ver las cosas extraordinarias. Y mi maquinita para contarlas. Y eso es todo.

El parapeto de la muerte

Te escribo desde la Sierra de Guadarrama, en donde me he pasado ocho días con la columna de Paco Galán, viviendo en su casa, asistiendo a las asambleas de los milicianos, sufriendo todas las mañanas el cañoneo matutino e hijo de puta de los fascistas y subiendo a los parapetos y disparando a la canalla. Por cierto, debo notificarte, no sin un poco de desprecio a tanta literatura falsificada como se está haciendo de la guerra en los periódicos, que, según me dijeron los milicianos y los oficiales de la columna, el primer periodista que subía con ellos, a pasarse las veinticuatro horas de guardia, había sido yo. Tuvimos ese día fuego nutrido con ellos. Nuestro parapeto es uno que se conoce por "La Peña del Alemán", y está frente a uno de ellos al que llamaban "el parapeto de la muerte". Estos puntos constituyen los dos fuegos más próximos, al extremo de que, en cuanto oscurece, empiezan, de parte y parte, los discursos que concluyen con los insultos de rigor. Yo tuve el honor de endilgarles tres discursos en una sola noche. Y acabaron por gritar: "Que hable el cubano". Ya ves tú qué honor, que los "camaradas fascistas", como les llamaba, tuvieron gusto en oirme. Claro que no fueron discursos al estilo mío del "Mella", que tanto indignaban la seriedad de la compañera de Ramírez. Fueron en serio y después de cada uno de ellos se quedan en silencio, como pensando qué contestar. Al fin se salían por la tangente, planteando otros problemas, a los cuales daba rápida contestación. Por último, donde llegó mi elocuencia a la cúspide fue cuando, recogiendo mi alusión de que les disparábamos con balas mexicanas, me plantearon el problema de cómo yo me atrevía a reprocharles a ellos usar aviones italianos si empleábamos balas mexicanas. Y he aquí que mi "poderosa" dialéctica dejó definitivamente aclarada la diferencia que existe entre un avión de Mussolini y una bala de los trabajadores de México. Después de esto, lo menos que me dijeron, hijo de puta, etc., que era precisamente lo que yo quería. Pues en estas luchas oratorias nocturnas, lo importante es dejar sin argumentos al contrario, para irle minando las fuerzas.

Guerra

(Y el cañoneo va aumentado con el día. Tiemblan las ventanas, como cuando un caballo se sacude las moscas.)

carta del 4 de noviembre

Si oyeras cómo truena el cañoneo! Parece que estan sacudiendo todas las alfombras de Madrid. Cómo truena la artillería! Es digno de oirse esto, aunque sea alguna vez en la vida. Parece una tempestad de truenos y rayos, allá en las montañas de Oriente.

carta del 17 de noviembre

Te dejo, porque no tengo ganas de estar escribiendo mientras ladra tanto cañón por ahí.

carta del 4 de noviembre

Yo creo que puedo calcular cuando debo tirarme al suelo. Es un silbido amenazador, como una puñalada que se lanzara por la espalda con una velocidad eléctrica. carta del 15 de noviembre

Cartas a Rubén Martínez Villena

12 de junio de 1931
Moscou, U. R. S. S.

Querido Rubén:
El bárbaro de Raúl te ha escrito 25 cuartillas. Me dice que van llenas de improperios contra el pobre Juan Marinello, convertido últimamente en blanco de todas sus peligrosas descargas. Supongo que pasarás con su carta una semana estupenda. Estos últimos meses han sido para mí magníficos, y terribles para Teté que ayer mismo, la pobre, estaba sufriendo un ataque muy molesto de tiroidismo. Ha habido, como te contará Asela, corre-corres, tánganas, heridos, lamentos patrióticos, profecías bíblicas y heroicas, huidas. todo sazonado con cierto aire musical de opereta y con cierto énfasis picúo de comedia barata. Una lección estupenda de la que, sin embargo, no todos han sacado el provecho que debían. Tu carta desde el Cáucaso me llegó estando en la cárcel, precisamente en días estupendos para leerla a los muchachos de la galera, casi todos del Directorio que -como te enterarás- han seguido una línea bien pobre. Tú y Julio Antonio contantemente estaban allí como alfileres, llamando a la realidad a esos muchachos, culpables de tener consejeros viejos. No contesté tu carta entonces, porque, como te digo, eran días de polémica áspera entre el grupo de nosotros -Aureliano, Guillot, Pendás, Raúl y yo- y todo el Directorio. Aunque no completamente de lo que pasó allí, alguna idea te harás si lees la colección de artículos que te mando con Asela y que publiqué en El Mundo. Más adelante acaso entre Raúl y yo hagamos un libro y en él pondré detalles cinegrafiados de interés casi históricos. Lo primero que he hecho es el último capítulo. Se titula: "La revolución de la mierda". Y Raúl ya tiene también el título de su epílogo: "La mierda de la revolución". Como ves, esto apesta que es una barbaridad. Para resarcirte de tanto olor, Gener y yo hemos acordado que seas tú el primer hombre que coma en Rusia boniatillo, ajonjolí, raspadura, café -con el que hacen el Café del Café y maní. Y Carreritas, además, te manda dulce de guayaba de Remedios. Haz contar ese hecho extraordinario en el primer Congreso de Alimentos o cosa por el estilo que se celebre allá. Te mando un abrazo de 180 libras, T.

9 de diciembre de 1931

Querido Rubén:
Estamos en el Presidio, en la Isla de Pinos, después de haber pasado antes por La Cabaña y por El Príncipe, y ya todos vamos en la busca del sexto mes de prisión. En donde quiera que hemos estado, en las conversaciones con los compañeros de prisión, muchas veces tu nombre ha sido recordado con cariño por todos, y hemos deplorado sentido tu larga ausencia, y nos dio alegría el saber que habías mejorado, y los contratiempos de tu salud. La otra noche, sentados en el patio del penal, el contraste de una de estas inverosímiles noches nuestras de diciembre, con las que contemplarás tú en ese invierno tan rudo, nos trajo una vez más tu recuerdo y se nos ocurrió mandarte unas líneas firmadas por todos tus camaradas compañeros y amigos que quedan actualmente aquí. Ojalá que ellas puedan mostrarte toda la simpatía y el afecto con que siempre evocamos tu nombre y que cuando te lleguen estés en una acelerada mejoría. Aureliano Sánchez Arango, Manuel Garza, Antonio González Muñoz, Miguel Montero, Guillermo Estrada, César Vilar, Zacarías Lara, Gabriel Barceló, Pablo de la Torriente-Brau. 9/12/31

16 de marzo de 1932

Presidio Modelo, 16-3-932

Querido Rubén:
Ya comenzará pronto la primavera, allá, en las montañas donde estás y nosotros acabamos [de] tener un terrible invierno de tres días. Este contraste de los climas nos hace pensar en ti muchas veces, como si fuera también un recuerdo más. Creo que recibirías unas letras nuestras que te escribimos por diciembre y que Teté, según creo, le entregó a Judith para ti. Seguimos presos. Ya hace tiempo que nos hemos acostumbrado a ello. Pronto tendremos los nueve meses, y la verdad es que hemos intentado sacarle el mayor provecho posible a este "tiempo muerto" de la cárcel. Aquí, en Presidio, donde las condiciones de nuestra estancia nos son todo lo cómodas posibles, hemos fundado "Academias" innumerables. Llevan los más desaforados nombres que tú pudieras pensar: Platón, Robespierre, Quintiliano, Carlos Valiño, Demóstenes, y mil más. Tenemos hasta una astronómica que lleva el nombre de Kepler y la realidad es que ya conocemos tantas estrellas como cualquier astrónomo de cuarta o quinta categoría. Gabriel y yo hemos traducido el Materialismo Histórico y, ahora hemos conseguido esta máquina para sacar en limpio la traducción; además, para practicar el inglés y para acrecentar el estudio de ella, González Muñoz traduce durante una hora, todas las mañanas conmigo, un libro de Astronomía. Hoy hemos planeado "picar" libros a una porción de intelectuales e "intelectualoides", como les dice Pepe. Te cuento todo esto porque sé que te gustará saber que se utiliza la prisión y se aprovecha la reclusión forzosa para leer y aprender. Pero hoy te escribo -cosa que debí hacer desde mucho antes- porque tengo hace tiempo el propósito de escribir una biografía de Julio, y para ello vengo reuniendo todos los datos que he podido ir consiguiendo y que no dejan de tener ya su valor. Puedo obtener los mejores datos de su infancia en cuanto salga; he hablado con muchos que fueron sus maestros y condiscípulos, y con varios que han sido compañeros suyos. El protagonista me lo voy haciendo poco a poco, bajo la línea de una simpatía profunda. Y de una admiración profunda también. Creo que el momento es magnífico para que nuestra juventud lo conozca de lleno, con su increíble dinamismo, su potencia creadora, su trascendencia y su arrastradora personalidad. Yo creo poder hacer algo que merezca llevar su nombre al frente. Y como lo creo lo quiero hacer. Y lo haré. Hay mucha gente fuera de Cuba que me puede ayudar. Y en el aspecto interpretativo nadie mejor que tú, según yo pienso. Quiero tu impresión, tus recuerdos y tus juicios. Tú conoces a la perfección como es la estructura de estos trabajos biográficos, y que cualquier detalle puede cobrar valor magnífico si se le sabe dar importancia. La última vez que tuve noticias de ti -y fue hace ya bastante tiempo- supe que estabas mejorando. ¿No podrías de vez en cuando, dedicar algunos ratos a escribirme cosas sobre esto? Aunque fuera bien sintético. Además, ideas. Por ejemplo, sobre el plan general. Pienso tratar íntegra su vida y todo debe darme un libro bastante extenso. Dame también relaciones, que me hacen falta, especialmente con compañeros suyos. Todo lo que puedas conseguirme o indicarme, no me lo mandes aquí, pues a lo mejor algún día salimos; mándaselo a Judith con el encargo de que me lo cuide. Los compañeros te recuerdan siempre: Aureliano, Gabriel, Guillot, Garcita, y muchísimos más que te conocen sin que tú los conozcas. Por mi parte, como siempre, deseo que estés bien, con el entusiasmo vivo y fuerte que te conocemos.

Un abrazo de Aunque no está aquí, Teté también te manda recuerdos.

 

Fondo Documental | Biografía | Cuentos | Periodismo | Cartas | Fotos | Index | Cien Años de Pablo

La comunicación puede realizarse por las siguientes vías:

Dirección:
Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau
Calle de la Muralla No. 63
entre Oficios e Inquisidor
Habana Vieja, Ciudad de La Habana, Cuba

Tele-Fax: (537) 66 6585

E-Mail:
vcasaus@colombus.cu
vcasaus@cubarte.cult.cu
vcasaus@infomed.sld.cu